Te aconsejo que te largues

Hoy quise rescatar un texto que a todos nos viene bien leer de vez en cuando, quizás sea para volver a querernos, para darnos cuenta que no debemos permanecer donde no encajamos ya, bien sea en una relación, en una casa, en una ciudad o en un trabajo.


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Tener valentía para irnos de donde ya no vibramos, donde no amamos o sentimos pasión. Porque no es que te quieran sino que te quieran bien, porque no es que tengamos compañía sino que exista complicidad y ambos miremos en la misma dirección con ilusión y ganas.

Porque no es tu casa donde ya nada de lo que te rodea tiene tu esencia adquirida por el paso de tu evolución personal y desarrollo, donde miras y nada de lo que ves alrededor te identifica sintiéndote un extraño en el que debería ser tu hogar.

Porque no se trata de pasarte ocho o diez horas para adquirir un salario, eso es venderse, sino involucrarte en un proyecto que te motive, y entiendo que eso a día de hoy es muy complicado, teniendo como tenemos la escasez y precariedad en el empleo.

Mi consejo y eso que yo no soy quien para darlos, es que te largues y no mires la opinión de los demás porque ellos no te piden la tuya cuando toman sus decisiones.

Que te largues.

A otro lugar, a otro corazón, a otros labios, a otro país, a otra casa, a otro trabajo. Que te largues, y que te largues lejos. De lo que te hace sufrir, de lo que huele a viejo, de lo que ya no usas, de lo que no te aúlla dentro como mil bocas de lobo en mitad de la noche.

Que te vayas.

De lo que sobra, de lo que no te empuja hacia adelante, de lo que no brilla, de lo que es rancio y tiene un sabor amargo, como el portazo que se le da a la despedida que se cuela entre los dedos cuando ya no puede avivarse lo que está muerto.

Que te empeñas en quedarte donde ya no te quieren, por el ‘tal vez’, el ‘ojalá’, el ‘y si mañana’. Lloriqueando en los rincones, los corazones, escupiendo -y esculpiendo- lágrimas y haciendo obras maestras con un dolor que ya no te pertenece. Porque sí y porque no vamos a engañarnos a estas alturas. Que nos faltan pelotas y nos sobran motivos para largarnos. De aquí, de allí, del ‘ya veremos’, del ‘quizás más adelante’.

Que no nos alejamos porque no (nos) queremos y porque estamos hechos de piedra en lugar de precipicio. Impregnados en silencio, en condescencia nuestra y ajena, de conformismo y de pasado. Y las risas, y el movimiento, y la vibración para el de al lado, que a nosotros nos pesa demasiado eso de decidir empezar la vida porque no vaya a ser que me dé un guantazo y entonces la liemos.

Que te repito

que te compres el billete, que dejes el frío y que vivas. Que te alejes. De la sombra de tu sombra, de la opinión de la masa, de las preguntas intrusas, del silencio dilatado, del veneno y los estómagos vacíos. Que busques y que encuentres, que no te vacíes y que si saltas lo hagas sabiendo que puedes estamparte.

Porque si te quedas, si finalmente decides que no te largas y te quedas, porque estás inmóvil esperando sin conciencia y sin supervivencia, arrastrado y exhausto quejándote de lo que no te gusta, entonces te mueres y de ahí ya no sales.

Y si de ahí ya no sales, te lo prometo, entonces te lo pierdes.

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No se equivoca el río cuando al encontrar una montaña en su camino retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.

No se equivoca quien ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse deja de accionar.

No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo, se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.

Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que uno debe buscarse a si mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente.

Creo que al final del camino no te premiarán por lo que hayas encontrado, sino por aquello que hayas buscado honestamente.

Si hay algo de lo que una persona no se arrepiente nunca, es de ser Valiente

María Luisa.

 

 

 

 

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