SANTANDER, la elegante y seductora novia del mar

Santander es una elegante ciudad que se extiende a lo largo de una amplia bahía con vistas al mar Cantábrico. Su casco histórico reúne un conjunto de nobles edificios que se alzan en medio de un increíble entorno natural de mar y montañas. A su tradición marinera y comercial, se une una gran vocación turística.

Mi primera visita a Cantabria la hice aterrizando en la bella Santander desde donde iniciaría un recorrido que me llevaría a conocer parte de su ciudad y zonas de valles y enclaves naturales que me fascinaron. Cuando llegué a esta ciudad, la primera impresión que tuve de ella fue que era tremendamente “elegante y señorial“. Llama la atención los edificios que exponen sus  inmensas balconadas (muy características de Cantabria). En mi paseo hacia el hotel para dejar mi trolley, me encuentro con larguísimas calles llenas de comercios, algunas son peatonales, en las cuales sus cafeterías ponen sus mesas a pie de calle, invitándome a hacer una parada para tomar un café.

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Una vez que dejo mi trolley a buen recaudo, comienzo mi recorrido que se inicia por la calle Gravina, lugar desde donde se puede bajar hasta los edificios de la Biblioteca Menéndez Pelayo y el del Museo de Bellas Artes de Santander, ambos sitios de suma importancia para la cultura cántabra. La primera, de estilo neo-plateresco, fue construida para albergar la inmensa colección que el polígrafo santanderino Menéndez Pelayo donó a su ciudad.

El museo, construido en el año 1924, está junto a la biblioteca y es un edificio independiente en donde hay una colección (no muy grande) en la que se mezclan el arte más moderno con el clásico como son algunos trabajos de Goya.

No pude visitar la bilbioteca porque estaba cerrada cuando pasé por allí, pero si lo hice al museo que contenía en esos días obras modernistas interesantes, e hice una paradita para charlar con los funcionarios que allí trabajan (por cierto, super agradables) que me dieron una buena cantidad de consejos para mi paso por Cantabria.

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Biblioteca Menéndez Pelayo

Paseo de Pereda

Es una de las vías más antiguas y transitadas de la ciudad, en la que se encuentran una gran parte de los edificios más emblemáticos y algunos antíguos que, debido a que no se vieron afectados en el incendio, aún permanecen en pie para disfrute de todos los santanderinos.

Está paralela a la línea del muelle y al margen de casas señoriales, también podemos encontrarnos con la central del Banco de Santander (siempre resulta curioso conocer donde empezó la que, hoy por hoy, es la mayor corporación bancaria de España). La fachada está coronada por cuatro grandes estatuas de piedra que representan a las artes, la cultura, el comercio y la navegación. Me comentaba Nieves (una señora que conocí en el bus) que, justo detrás del Banco, tiene la familia Botín un búnquer, en fin, una curiosidad de la ciudad que siempre te enteras cuando hablas con sus habitantes.

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Central del Banco de Santander

El Paseo de Pereda se complementa también con unos preciosos jardines, dedicados al novelista cántabro José María de Pereda. Es un espacio con más de 200 árboles que se levanta en terrenos del antiguo puerto de la ciudad.

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Jardines de Pereda

Plaza Porticada

Es la Plaza Velarde donde se encuentran algunos edificios importantes de la ciudad como Hacienda, la Delegación de gobierno de Cantabria o el Gobierno Militar.

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Plaza porticada

Ayuntamiento

El edificio original, inaugurado el 15 de Septiembre de 1907, consistía en la mitad del actual. El proyecto fue realizado en 1897 por el arquitecto Julio Martinez Zapata. Más tarde, se amplió para formar el que hoy se conoce, compuesto por tres plantas y en las que se encuentran parte de las oficinas.

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Ayuntamiento de Santander

Tras pasar por el Ayuntamiento, se llega a la Plaza de Atarazanas desde donde se puede ver las austeras fachadas de la Catedral de Santa María de la Asunción y el de la Iglesia de Cristo que, en su día, fue una Abadía.

Se dice que en esta pequeña iglesia se encuentran las cabezas de los Santos Mártires: Emeterio y Celedonio. Según la historia, estos santos fueron martirizados y sus cabezas arrojadas al río Ebro por donde, milagrosamente, llegaron hasta Santander, es por este motivo que en el escudo de la ciudad se pueden ver dos testas. 

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Catedral de Santander

A simple vista no parece una catedral, sino más bien una iglesia. Dicen que los santanderinos no están muy orgullosos de ella por su simplicidad pero a mi me parece encantadora.

Efectivamente, la Catedral de Santander no cumple con el estándar que todos esperamos de un edificio de este tipo; es excesivamente sobria pero todo tiene su explicación:

En su origen, además de lugar de culto, también era atalaya de vigilancia para la ciudad puesto que ocupaba el punto mas alto y podía divisar la entrada de barcos “sospechosos” en la bahía. Protegía las atarazanas situadas a sus pies (donde hoy se ubica la plaza del mismo nombre), de ahí su aspecto de fortaleza, con pocas ventanas y gruesos muros de piedra.


A esto hay que unirle el terrible acontecimiento que sufrió Santander en 1941, cuando un salvaje incendio destruyó toda la antigua puebla de la ciudad, incluida la catedral, que tuvo que ser reconstruida. Allí se perdió toda su decoración interior.

Por todo ello hay que valorar sus peculiaridades históricas, más allá de su imagen.

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Claustro de la Catedral de Santander

Bahía de Santander

Está considerada una de las más bonitas del mundo. La recorro andando aunque me quedo con las ganas de hacerlo a través de uno de sus barcos turísticos: los Regina, que hacen un recorrido por la bahía estupendo y a un precio muy asequible. De todas formas, pasearla también es un gusto que deja ver más de cerca todas esas sorpresas como son los Raqueros, una escultura que es todo un símbolo de la ciudad.

Las estatuas de los Raqueros representan a unos niños pobres o sin hogar que subsistían a base de recoger las monedas que les tiraban los turistas al mar. En su época (finales del siglo XIX y principios del XX) se convirtió en espectáculo ver cómo se lanzaban al mar a recuperar las monedas, haciéndose corrillos en torno a ellos para verlo.

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Estatuas de los Raqueros
  • Puerto Chico

Es el final del Paseo de Pereda y Castelar. Resulta curioso disponer de un lugar así tan cercano a la ciudad (teniendo en cuenta que tiene una capacidad para unos 1.350 amarres). Pasear por allí es toda una gozada; se pueden ver unas embarcaciones muy chulas e incluso unos yates francamente espectaculares.

Es lo que tiene Santander, que en una misma localización encuentras la parte de “ciudad elegante y seductora” con esta más “marinera y turística”.

Aquí se puede visitar el palacete del embarcadero, tomar algo en primera línea de mar o visitar el museo marítimo, aunque yo decidí subir hacia la península de la Magdalena, todo un paseo maravilloso deleitado con magníficas playas que hacen contrastar el mar con el verde salvaje.

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Mi caminata continua hacia la parte de las playas en dirección al Palacio de la Magdalena.En mi paseo me encuentro con la playa de los peligros, la de la magdalena, la de los bikinis, la del camello, etc. Las vistas son espectaculares y entendí porqué la llaman la novia del mar ya que no podrían haberle dado a Santander mejor atributo que ese.

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Playa del Camello en Santander

Península de la Magdalena

Tengo que reconocer que mi visita a Santander, en gran medida, se debe a unas tremendas ganas de conocer este lugar. La había visto multitud de veces en la serie española “Gran hotel”, y me fascinaba aquel palacio rodeado de esas vistas espectaculares con esos majestuosos jardines. Tengo que decir que las expectativas se quedan cortas porque cuando lo ves es impresionantemente bello. No me cansaba de hacer fotos, de pasear por la zona y de contemplar esa mansión que, sin duda, tiene mucha historia por detrás.

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En la actualidad es una zona de recreo con una extensión de 24,5 hectáreas, que muchos santanderinos usan como lugar de ocio donde poder pasear en familia o con amigos y disfrutar de todo ese entorno tan precioso.

Real Sitio de La Magdalena
El Ayuntamiento de Santander cedió el parque de la Magdalena al rey Alfonso XIII y éste decidió construir un palacio en el recinto para poder veranear con el resto de la familia real.
Las obras del palacio comenzaron en 1909 con el diseño de los arquitectos cántabros Javier González Riancho y Gonzalo Bringas, concluyendo en 1911 y amueblándose en 1913.

Desde 1913 y hasta 1930, el palacio fue la residencia estival de la familia real española. Siendo en Abril de 1931, con la proclamación de la II República, traspasada la propiedad al Gobierno para, al año siguiente, crear la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

Esta institución comenzó a desarrollar sus actividades en el palacio y continuó haciéndolo hasta que estalló la Guerra Civil, momento en el que se detienen hasta 1938. En este año se cambia la sede de la UIMP al Hospital de San Rafael, y no volvió al palacio hasta finales de 1949.

En 1977, Don Juan de Borbón, que había recuperado la propiedad del inmueble tras la caída de la república, vendió el palacio al Ayuntamiento de Santander y en 1982, el Palacio de la Magdalena, es declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Histórico-Artístico.

Hoy en día, el Palacio de la Magdalena, sigue siendo la sede oficial de la UIMP.

  • Caballerizas Reales

Debido a las aficiones de los Reyes por los deportes de equitación, en 1914, González Riancho realizó el proyecto de las caballerizas reales en la parte baja de la península, terminando su contrucción en 1918.

Empiezo a subir hacia el palacio, y nos encontramos con tres galeones, que rememoran el viaje del navegante cántabro Vital Alsar en pleno siglo XX, siguiendo la ruta que hizo Francisco de Orellana y con la que se descubrió el Oceáno Pacífico. Junto a estas embarcaciones se encuentra, además, un acuario visitable.

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Caballerizas Reales

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  • Palacio de la Magdalena

Se trata de un edificio característico del estilo ecléctico de la época. En este palacio existen claras influencias inglesas (como la disposición de las masas exteriores, la abundancia de chimeneas, la forma de los ventanales… etc) e influencias francesas (como la escalinata de doble tramo de la escalera principal o la asimetría de los cuerpos del edificio). Además, existen tramas tomadas de la arquitectura barroca montañesa.

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Desde el palacio se tienen unas espectaculares vistas de la acantilada costa cántabra y de la Isla de Mouro, muy apreciada por los submarinistas y desde donde los ingleses liberaron la ciudad de Santander en la Guerra de Independencia (1812). Fue declarada reserva natural en 1986 y en sus aguas se han censado más de 39 especies diferentes.

En días de temporal, este islote es fuertemente batido por las aguas bravas del Cantábrico, cuyas olas llegan a igualar en altura al faro, creando una postal espectacular. Aquí crece una planta curativa llamada ‘Perejil de Mar’.

Isla (frente a Santander)

El Sardinero: La zona más popular de la costa de Santander

  • Gran Casino del Sardinero
    (1916), obra de Eloy Martínez del Valle, de estilo ecléctico, inspirado en los casinos de la época y que, reformado, sigue manteniendo abiertas sus instalaciones para el juego.

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  • Hotel el Sardinero
    Ocupa un lugar de excepción en el enclave turístico más elegante de Santander. Ubicado frente a la famosa playa que toma su nombre, el Gran Hotel Sardinero es el enclave ideal para combinar naturaleza, ocio y negocios.

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  • Playa del Sardinero
    Con más de 1 km de playa por descubrir y su fina arena dorada, me paro a contemplar el paisaje, teniendo a mi espalda el espectacular mirador de los Jardines de Piquío.Por el camino, veo algunos de los palacetes y casonas más bellos de la ciudad por un lado y barquitos de vela por el otro. ¿Qué más se puede pedir?.

 

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No encuentro mejor manera de despedirme de Santander que tomando un helado riquísimo en Heladería Regma, una cadena de heladerías muy conocida de la ciudad que unos santanderinos me recomendaron si subía al Sardinero, así que fui chica obediente y me tomé uno con sabor a jaspeado de moka y turrón.

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Y con esta delicia de helado, de ciudad y de vistas, me voy de Santander completamente maravillada, sabiendo que he visto una ciudad preciosa y elegante.

Santander… ¡¡Tenía ganas de verte!!

Mi Cantabria Infinita.

 

Mi recomendación:

Le hice caso a Nieves y me llegué a Café Stylo (una cafetería que tenía junto al hotel) a comer unos pinchos de tortillas que por lo visto han obtenido premios de cocina en más de un concurso.
¡Muy ricas! yo pedí en concreto este de Pollo:

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Para desayunar recomiendo La Gallofa. Situada en el centro de Santander, es una cafetería cuya exquisita decoración hace que a cualquiera le apetezca entrar. Todos los detalles están cuidados, no sólo los decorativos, ya que en el interior la barra está distribuida en varias secciones (panadería, pastelería para llevar, barra para tomar en el local y zona de zumos). ¡Un sitio muy chulo!

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