Mi viaje hacia la mujer salvaje

Dentro de cada una de nosotras hay una fuerza instintiva, creativa, apasionada y de sabiduría eterna que forma parte de unos dones que de manera natural llevamos y esa es nuestra Diosa, esa es nuestra parte salvaje.

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Cuando era niña mi madre me llamaba la salvaje, salvaje porque me encantaba correr, saltar, jugar, perderme en un campo o sumergirme en el mar y nadar hasta un punto en el que me perdían de vista desde la orilla. Salvaje porque la ropa me molestaba y prefería pasar frio antes que ir abrigada, salvaje porque tenía la manía de subirme a un árbol o pasear bajo la lluvia llegando a casa empapada de agua pero sintiendome genial, salvaje porque necesitaba guiarme por los impulsos y hacer lo que en cada momento me diera la real gana, tuviera mucho sentido o no.

Yo no entendía muy bien el apodo pero es cierto que siempre me sentí halagada por él y ni qué decir tiene que a día de hoy lo llevo con orgullo.

¡ Sí soy mujer , si soy mujer salvaje. !

 

Cuando una mujer aprende que dentro de ella está esa parte tan innata, tan natural que nos viene desde nuestros ancestros, se siente plena y dispuesta para despertar sus sentidos y su capacidad para el mejor viaje de todos, el viaje hacia una misma, el autoconocimiento y el autoreconocimiento, y ya desde entonces sabe  cuando tienen que vivir y cuando tienen que morir las cosas, es el viaje a su lado más femenino, la conexión con nuestro ser más interno…

Entonces encuentra que su verdadera casa no está en ningún lugar alejado del mundo, sino dentro de ella. De alguna forma, este viaje es consecuencia de un proceso de individualización que puede llegar a resultar muy doloroso. Puede que este nos llegue antes o después, pero para todas está precedido de unos años de distracción de nuestra identidad emocional. O sea, ese no “saber dónde estás y cuál es tu lugar en el mundo” que todos conocemos.

Brota de ella la fuerza, la proposición del camino que debe seguir en su vida y emana de su ser todo lo femenino que lleva dentro. Se vuelve más intuitiva, puede sentir el más mínimo cambio en el temperamento de otro; puede leer rostros y cuerpos  y a partir de una abundancia de pequeñas pistas que se congregan para darle información, con frecuencia sabe lo que tienen en mente. A fin de utilizar estos dones salvajes, las mujeres permanecen abiertas a todas las cosas. Pero es esta misma apertura lo que hace vulnerables sus límites, exponiéndolas por lo tanto a las heridas del alma.

 

Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión. Cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón: Basta, hasta aquí he llegado…
Ni mil ejércitos de ego y ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad… Ahí se abren las puertas de su propia Alma y comienza el proceso de sanación… El proceso que la devolverá poco a poco a si misma, a su verdadera vida.. Y nadie dijo que ese camino sea fácil, pero es el Camino.
Esa decisión en si, abre una linea directa con su naturaleza salvaje y es ahí donde comienza el verdadero milagro…-

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que Corren con los Lobos”

 

Hace unos años leyendo artículos acerca de la mujer, un tema que siempre me ha apasionado, me encontré con la escritora y psiquiatra Clarissa Pinkola Estés, que dedicó más de dos décadas al estudio del alma femenina. Su propósito es recoger la sabiduría de la mujer de antaño, de la mujer primitiva, sin despreciar para nada el pensamiento salvaje. Para Clarissa Pinkola, la base de la sabiduría femenina es el respeto a los ciclos de la vida, a la manera que lo hace la naturaleza, como si fuera una loba.

 

Su libro, Mujeres que corren con lobos (recopilación de cuentos, mitos y leyendas, extraídos tanto de investigaciones como de su propia vida), ha sido traducido a más de 18 idiomas y a día de hoy es todo un pozo de sabiduría acerca de esa mujer que un día domesticaron y pasó a ser una especie en extinción tal como sucede con los lobos, con los que nos compara y es que los lobos y las mujeres tenemos una elevada capacidad de afecto, y al igual que ellos nos preocupamos con fervor por nuestros hijos, nuestra pareja y la que consideramos nuestra manada.

Especializada en Jung, mediante estos cuentos llega a la sanación en su consulta psicológica, piensa que dicha sanación pasa por acceder a esa parte instintiva que muchas mujeres mantienen ocultas y de la que no son conscientes. Es una psicología en su sentido más auténtico, llegando al alma. En realidad de lo que se trata es de perder los miedos que es lo que diferencia a una mujer salvaje de una que no lo es y es que cuando una mujer permanece demasiado tiempo alejada de su esencia, la capacidad para percibir lo que siente se agrieta.

Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antí-dotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.

Clarissa opta por una terapia alternativa que cada día es más aceptada por personas cansadas ya de divanes y tecnicismos y que responde mucho más a las necesidades reales.

A través de su lectura, comprendí que no era un bicho raro y que no era algo anormal sentirme mujer salvaje cuando grito, lloro, pataleo, rio,  levanto mi voz ante la injusticia y comunico mi verdad. Cuando experimento emociones tales como rabia, dicha, miedo, placer, amor, con una intensidad salvajemente intrínseca. Cuando me siento atacada y me defiendo como loba con uñas y dientes.

Comprendí que no estaba loca cuando necesito fundirme con la naturaleza de una forma continuada en mi vida, parando en una carretera y adentrándome en un valle donde me llego a emocionar o cuando paseo por lugares llenos de magia, de historia y los reconozco, cuando me tumbo en la orilla de una playa y dejo que las olas del  mar mojen mi cuerpo en su vaivén.

Cuando he amado de una forma casi animal, saliendo de mi una parte salvaje que me sorprende y a la par me gratifica o, cuando me asomo a un paisaje y logro fluir con él, tanto que casi puedo sentirlo.

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En un mundo convencional que nos enseña desde niñas  a ocultar esa faceta, esas emociones que son al fin y al cabo la esencia de nuestro ser, que no nos permite expresarnos de forma creativa y nos viste con el disfraz de “señorita” para obtener la aprobación de los demás, existimos muchas que al llegar a la madurez optamos por descubrir todo ese mundo interior y lo equilibramos con el exterior de una forma natural.

Existe otro libro, El cerebro femenino, que habla de que el cerebro humano tardó millones de años en formarse y responde a las necesidades del ser humano primitivo. Es por ello, que aún hoy nos regimos por impulsos cerebrales creados para vivir en la prehistoria. Este es el mismo principio que rige a las Mujeres que corren con los lobos. Todavia hoy llevamos dentro el ser primitivo que fuimos hace 10.000 años (un segundo en la inmensidad de la evolución humana) y por ello las historias y mitos que eran válidos para la mujer primitiva aún lo son para nosotras. El problema es que ya no vivimos en el clan del oso cavernario y muchas veces nuestro cerebro nos ata y no nos permite avanzar.

Quería dedicarle una entrada en mi blog para reivindicar el derecho de todas nosotras a esa parte tan innata que muchas veces la sociedad nos arrebata y no nos permite sacar a la luz. Animar a todas las mujeres que aceptemos que pertenecemos a la misma manada, que juntas somos una, cíclicas, armoniosas y grandes. Que no compitamos por ser la más guapa, la más alta, la más sexy sino que juntas logremos esa sintonía femenina natural que fluye cuando nos reconocemos.

13876602_874628092637794_8456993640702074253_nVivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

Mario Benedetti

 

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Mujer, Madre,
Hija y nieta,
Hermana de los Seres habitantes de estas tierras.

Sabia, protectora,idealista y soñadora.

Conoces el Secreto de La Vida,y en tu vientre florece sabiduría.

Ama,aúlla
canta y baila
a la luz de la más hermosa de las lunas .13932822_1269936416350463_2930551657306976538_n

Corre, veloz y salvajemente,
siente el viento atravesando tu Ser,
el susurro del Silencio,
y el grito del placer.

Libre eres, y de ti la Verdad nace.  Practica la Vida, predica la Libertad

Tus alas son inmensas,

y tu alma ansía volar.

Fuerte eres, como el acero.
Ojos pardos, cabello rubio.
Agua, Tierra, Aire y Fuego.

 

Bendita seas, con tus Luces y           Sombras.
Eres Vida, Amor, Justicia y Deseo.

 

Hasta la mujer más reprimida tiene una vida secreta con pensamientos y sentimientos secretos lujuriosos y salvajes, es decir, naturales. Hasta la mujer más cautiva conserva el lugar de su yo salvaje, pues sabe instintivamente que algún día habrá un resquicio, una abertura, una ocasión y ella la aprovechará porque la mujer salvaje existe , duerme dentro de cada una de nosotras y espera ser despertada.

Dicen que tenemos un encanto especial, bohemias, muchas veces solitarias, misteriosas pero a la vez sencillas, simples, sabedoras de que la vida es un regalo maravilloso. Sentimos las estaciones, así en verano nadamos en el mar, en invierno tocamos la nieve, en primavera florecemos y en otoño nos perdemos en un bosque ocre que nos envuelve y nos lleva a la esencia.

Mi viaje hacia la mujer salvaje empezó hace muchas lunas y desde ese primer día supe que yo sería mi propia medicina, con lo cual me quedo con una de mis citas predilectas de Clarissa Pinkola:

“Hay un momento en nuestra vida, por regla general al llegar a la mediana edad, en que una mujer tiene que tomar una decisión, posiblemente la decisión psíquica más importante de su vida futura, y es la de sentirse o no una amargada”.

 

   “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”.

FRIEDRICH NIETZSCHE

Fotografía tomada en la Ribeira Sacra, Galicia, Febrero 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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